Miguel Brieva (Dinero, Edición Completa)

La humanidad, por si ustedes no habían reparado en ello, padece un cuadro severo de esquizofrenia paranoide; es decir oye voces, sufre alucinaciones y tiene una marcada dificultad para distinguir la realidad de los delirios invocados por el colectivo.

Y difícilmente encontraremos una plasmación mas accesible, precisa e ilustrativa de lo que puede ser la conciencia esquizofrénica, o panorama mental aproximado del que es aquejado por dicha patología, que la que nos brinda un rastreo cualquiera por la variopinta aunque monodireccional programación televisiva.

Mientras que en un canal seguimos la narración pretendidamente objetiva del acontecer humano sobre el planeta tierra, en un telediario, en el siguiente nos asaltan capciosos llamamientos al consumo irreflexivo de productos absolutamente prescindibles, en el posterior una mujer succiona un pene por dinero y con ademanes a las antípodas de cualquier cosa cercana al amor, en la cadena que le sigue dos hombres patean iracundamente a otro que yace en el suelo, imposible de distinguir si se trata de realidad o ficción, mientras que en el canal siguiente un plató repleto de seres racionales analiza pormenorizadamente una fotografía de los pechos de otro ser racional, y calibra la voluminosidad de los mismos en relación con la de otros pechos anteriormente inspeccionados, al tiempo que, una cadena más allá, se emite un concienciado reportaje acerca de la miseria y el sufrimiento atroz de aquellos de nuestros congéneres a los que, por mediación exclusiva del azar natalicio, les ha correspondido padecer las imperfecciones de este sistema político económico del que disfrutan los espectadores que contemplan las imágenes, seguido consecutivamente de un homenaje retransmitido en directo, con todos los honores y agasajos imaginables, a un miembro de nuestra misma especie que, sin lugar a dudas, es un ser abyecto, estúpido e inmoral, pero que, de un modo intelectivamente incomprensible, goza del reconocimiento absolutamente banal e ignorante de las multitudes, y todo ello culminado con una propaganda profundamente sexista de una crema anti-solar-mousse con micropartículas H-Omega 3 Alfa, a la que sigue ya sin necesidad de accionar el mando a distancia, un programa más allá de la superficialidad conducido por personas iletradas e insensatas que pretende profundizar en la compleja problemática de la anorexia, todo ello salpimentado de 15 minutos por intervalo propagandísticos interpretados por jóvenes y estudiadamente sensuales muchachas en extrema delgadez.

Esta sucesión ininterrumpida de semi-vivencias de géneros y sesgos tan remotos yuxtapuestos todos en una misma experiencia perceptiva, debe ser, cuando menos metafóricamente, el símil mas contundente de un estado esquizoide. Es decir, que la población, la misma a la que la clase dirigente y el sistema sanitario tratan de proteger de esta enfermedad en su patología individual, es al mismo tiempo expuesta, permanentemente y sin dosificación ni advertencia clínica alguna, a una experiencia perceptivo-amoral-conceptual infinitamente mas lúgubre, manipuladora y demencial que la que padece un esquizofrénico en el cenit mas álgido de su trastorno.

Y todo ello bendecido por el escalafón humano mas bajo e irresponsable, es decir, las elites dominantes sumidas en su propia patología secular, y por el influjo omnímodo del mercado, que en ultima instancia, y careciendo como parece de todo sentido de trascendencia, no alberga reparo alguno en estimular una noción colectiva esquizofrénica de la existencia en aras de un mejor y mas preciso engrasado de cada una de las piezas que conforman su colosal aunque insustancial maquinaria.

Miguel Brieva (Dinero, Edición Completa)