Tom Spanbauer. El hombre que se enamoró de la luna

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Los tybo hablan de oro, de dinero, de dólares y dólares, pero digan lo que digan siempre se refieren a otra cosa. Dellwood Barker me lo hizo ver años atrás: los tybo hablan de cómo serán —en algún lugar al otro lado del margen y a la vuelta de la esquina—, hablan de ellos como si aún no estuvieran vivos.

—Es lo que los tybo llaman retrasado —decía mi madre refiriéndose a Dave el Maldito—. Y no es una cosa buena —añadía—, por lo que se refiere a los tybo. Para los indios, sin embargo, un hombre como Dave el Maldito sería considerado sagrado. Los malditos tybo no soportan nada que no sea igual a todo lo demás.
Dave el Maldito no habló una sola vez; por lo menos no hasta el final. Se mostraba siempre amable y educado, nunca causaba problema

su sudor olía a semen y culo, incluso después de haberse lavado.
Dellwood Barker olía como la mayoría de los hombres sólo que más: olía como una bodega llena de manzanas podridas o patatas, o como las entrañas de un ciervo cuando abres un ciervo. Como el aliento de un caballo después de que el caballo ha comido peras. Un olor fuerte como el musgo de un manantial.
Su olor era como el que, supongo, despide un toro al olisquear a una vaca en celo: era un olor tan abiertamente sexual que te hacía retroceder.

»Cuando cuentes tu historia entenderás lo que has conocido. Y eso, el conocimiento comprendido, es la mejor sensación posible.

Cuando la madre de Dellwood se sentaba al piano tenía lo que éste llamaba una «mirada interior», lo que significaba, según Dellwood, que perdía el mundo de vista y se sumía en otro al interpretar una música que tus oídos no habían escuchado antes ni volverían a escuchar en lugar alguno, y todo el tiempo sollozando y con los ojos anegados de lágrimas.
—Cubos de lágrimas rodando por sus mejillas —decía Dellwood con las lágrimas rodando por sus mejillas—. Lágrimas sin fin.
»“La pena en mi interior desde el mismo día que nací”, decía siempre mi madre —decía Dellwood—. Nunca supe lo que la ponía tan triste. Tal vez vivir con un extraño.
Dellwood Barker heredó de su madre la «mirada interior» del piano.

A Alma siempre le sucedía lo mismo: veía a un hombre y se enamoraba de él de buenas a primeras igual que articulaba sus reclamos de pájaro. En cuanto lo veía, nada más enamorarse empezaba a odiarlo. Enamorarse era algo obligado para Alma, y puesto que era algo obligado, era algo que odiaba. Lo odiaba porque estaba enamorada de él. Lo odiaba porque ahora que lo amaba él iba a penetrarla, y odiaba amarlo.
Y todo esto sucedía en un solo instante, antes incluso de que Alma hubiera hablado con el hombre en cuestión.

El cuerpo es sólo mente solidificada, decía.
»La verdad es que yo soy el mundo, decía. Cobertizo soy yo, decía.
»Ida Richilieu, Alma Hatch, Ellen Finton, Dave el Maldito; Ulysses, Virgil, Blind Jude, Homer Wisdom; el sheriff Blumenfeld, el Reverendo Helm, William B. Merrillee: sólo existen porque yo existo, decía

Conocimiento comprendido: lo que me faltaba era mi propia amorosa compañía.
Desde el día que nacieron los gemelos, a partir de ese día, no he vuelto a estar solo. Tengo a esos niños, pero, más importante, me tengo a mí mismo… la amorosa compañía de uno mismo.
La amorosa compañía de uno es el perdón, es el Gran Misterio, es Dios. Antes de que Dios pueda olvidar, debes olvidar tú.

¿Están muriendo las democracias?

… la negación del fascismo –“la politización de la mentalidad del hombre masa resentido”– hizo colapsar nuestra civilización

… un aviso urgente para reorientar los fundamentos de la globalización entendiendo que los retos para evitar su degradación son dos: el combate contra la desigualdad y contra el calentamiento global.

Žižek presupone que la globalización económica perpetúa una estructura básica de dominación y afirma que la ideología mayoritaria opera cancelando cualquier pensamiento que postule una alternativa al capitalismo.

Un demos fuertemente identitario que se caracteriza por el resentimiento manifestado contra con las élites económicas y mediáticas y al mismo tiempo respecto de la inmigración.

Levitsky y Ziblatt, desarrollando ideas del sociólogo Juan José Linz, se atreven a fijar un código que permitiría determinar cuándo un dirigente político actúa de manera autoritaria: 1) cuando rechaza o respeta de manera débil las reglas democráticas establecidas, 2) cuando niega legitimidad a los adversarios políticos, 3) cuando tolera o fomenta la violencia, y 4) cuando manifiesta la predisposición a restringir o negar las libertades civiles de la oposición. Podríamos definirla como la agenda oculta del populismo.

la realidad es que ahora todos compartimos la misma civilización: la globalización postimperial, para decirlo con la expresión de Ignatieff. Una civilización donde no hay gran estado que tenga ya la hegemonía porque la realidad es que también los viejos estados buscan en la argamasa legal los mecanismos para mantener unos poderes y unos recursos que adelgazan en nuestros tiempos de cambio global y cuarta revolución industrial.
¿En este marasmo (que es político, social y económico), descubrió Ignatieff algún idioma ético compartido? Como mínimo uno: “En cada uno de aquellos lugares, las personas luchaban por dar sentido a un cambio convulsivo y desestabilizador”. Este sentido se hacía posible a través de un determinado sistema operativo moral: confianza, tolerancia, perdón, reconciliación y resiliencia. Este sentido proseguía con la lucha por la igualdad y el derecho a ser escuchado.

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