Michel Onfray. Un kantiano entre los nazis.

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¿Si Eichmann, que invoca el imperativo categórico, no estuviera errado y el mecanismo filosófico de Kant se revelara compatible con la vida cotidiana de un nazi que efectúa su trabajo de monstruo? El hecho de que en toda la obra de Kant no exista un derecho ético y político a desobedecer, ¿no nos da la clave de ese doble personaje infernal: el kantiano nazi?

El juez Raveh, sin embargo, vuelve sobre ese dato e interroga al criminal de guerra. Quiere precisiones y esclarecimientos. Eichmann se los da: ha querido vivir bajo el imperio del imperativo categórico.

Eichmann  «Yo quería decir, con respecto a Kant, que el principio de mi voluntad siempre debe ser tal que pueda llegar a ser el principio de leyes generales»

Eichmann obedeció la ley porque era la ley, por amor a su forma, independientemente del contenido y aunque éste fuera enviar al matadero a millones de personas.

En ninguna parte, Kant dice que haya que examinar el contenido de la ley —ética o política— antes de decidirse a obedecerla o a infringirla, a rebelarse contra ella o a observarla.

Esta idea no deja ningún lugar a la cuestión del examen de los contenidos, pues se limita a disponer que cada individuo sea un súbdito dócil de la ley moral y de la de su país.

…lo que funda la razón práctica es la razón pura; lo que funda la razón pura son, a pesar de las contorsiones del abultado volumen que ya conocemos, los tres postulados lanzados en la dialéctica transcendental: Dios, la libertad, la inmortalidad del alma, infernal trilogía que permite la reproducción del mundo (cristiano) tal como va…

… debemos recordar que la soberanía nacionalsocialista procedía del pueblo y de una elección democrática

Los abolicionistas son sumamente escasos en la historia de la filosofía y, entre los grandes nombres del pensamiento occidental, los defensores del castigo último son mucho más numerosos de lo que se cree: Platón, Rousseau, Kant, Hegel, Schopenhauer, Sartre, ciertamente, pero también y más curiosamente, Locke, Voltaire, los enciclopedistas, Diderot, Montesquieu, La Mettrie, D’Holbach…

Kant adora los límites, los márgenes, lo que contiene, retiene. Sus tres críticas limitan los usos de la razón, de la acción y del juicio.

Kant no admite ninguna tergiversación: un funcionario «en su condición de tal, no tiene derecho a razonar

el filósofo reduce el uso de la razón a fines elitistas, en otras palabras, a la comunidad filosófica, pero de ningún modo al pueblo o a la mayoría. Postura clásica del siglo XVIII,

En la sexta proposición de Ideas para una historia universal en clave cosmopolita (1784), el filósofo escribe: El hombre es un animal que, desde el momento en que vive entre otros individuos de su especie, tiene necesidad de un amo que lo obligue a obedecer a una voluntad universal válida…ese «amo que lo obligue a obedecer» no tenía que ser necesariamente un ser de carne y hueso, de vicios y de odio, sino que bien podía ser un concepto, una idea de la razón, en otras palabras, el derecho…podemos decir que ese amo es a su vez esclavo de una idea que está por encima de él: la Justicia, la Constitución, el Pueblo de quien se reconoce servidor.

Para el profesor, los principios son mucho más preciosos que los hombres…

Kant es culpable —y con él también lo es el kantismo— de razonar alejado de la realidad del mundo, de la gente, de los hombres, como el habitante cándido del cielo de las ideas que tanto hacía reír —ya— a Aristófanes con la camarilla platónica.

…política de lo posible VS política de lo ideal.

…datos antropológicos VS verdades ontológicas o metafísicas.

Pues si la negatividad corroe a los hombres —cosa que creo firmemente—, la solución no es darles la espalda para atesorar las ideas y no vivir sino en ellas, por ellas y para ellas, sino que estriba en abrir intelectualmente la propia visión del mundo en una perspectiva dialéctica que permita prevenir, abolir o corregir las manifestaciones del mal radical o la parte insociable de la insociable sociabilidad de los hombre

En materia de ética, al igual que en política, al kantismo le falta el derecho a desobedecer (lo arbitrario), de negarse (a la injusticia), de resistirse (a la opresión), de rebelarse (contra la iniquidad), de decirle no a la ley (inicua), de recusar el derecho (de clase o de casta), de impugnar las reglas (despóticas). Pero si Kant se hubiese abastecido de semejante arsenal, se llamaría Thoreau o Bakunin