Artículo; La idiotización de la sociedad como estrategia de dominación.

El filósofo alemán, Martin Heidegger, dijo una vez: “hay un enorme sistema que piensa todo por nosotros ahorrándonos la terrible tarea de pensar”

el hecho de estar informándonos permanentemente es lo que dificulta el pensamiento.

Una de las claves más importantes para la progresiva idiotización y “adormecimiento” de la sociedad es el entretenimiento vacío….  un debate ficticio de noticias sin importancia…. el entretenimiento vacío se vuelve una especie de anestesia que nos permite soportar la realidad sin hacer nada para cambiarla. Y es que, de eso se trata: de convencernos de que nada puede hacerse para cambiar el mundo.

El filósofo Theodor Adorno sostiene que, “Con cada risa, el espectador está más cerca de seguir a las fuerzas totalitarias”

Y es que lo que se busca, es evitar toda intención del pensamiento, todo esfuerzo intelectual, para crear una sociedad de hombres y mujeres que abandonen los ideales y aspiraciones que les hacen rebeldes, para conformarse con la satisfacción de unas necesidades inducidas por los intereses de las élites dominantes.

La idiotización de la sociedad como estrategia de dominación

Entrevista Chomsky. Babelia.

https://elpais.com/cultura/2018/03/06/babelia/1520352987_936609.html

Creo que toda autoridad tiene que justificarse. Que toda jerarquía es ilegítima hasta que no demuestre lo contrario. A veces, puede justificarse, pero la mayoría de las veces no. Y eso…, eso es anarquismo.

El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones.
Desde los años ochenta se vive una ruptura entre lo que la gente desea y las políticas públicas. Es fácil verlo en el caso de los impuestos. Las encuestas muestran que la mayoría quiere impuestos más altos para los ricos. Pero esto nunca se lleva a cabo. Frente a esto se ha promovido la idea de que reducir impuestos trae ventajas para todos y que el Estado es el enemigo. ¿Pero quién se beneficia de que recorten en carreteras, hospitales, agua limpia y aire respirable?Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege. Las grandes industrias energéticas reciben subvenciones de cientos de millones de dólares, la economía high-tech se beneficia de las investigaciones públicas de décadas anteriores, las entidades financieras logran ayudas masivas tras hundirse… Todos ellos viven con un seguro: se les considera demasiado grandes para caer y se los rescata si tienen problemas. Al final, los impuestos sirven para subvencionar a estas entidades y con ellas a los ricos y poderosos. Pero además se le dice a la población que el Estado es el problema y se reduce su campo de acción. ¿Y qué ocurre? Su espacio es ocupado por el poder privado y la tiranía de las grandes entidades resulta cada vez mayor.

¿Teme al nacionalismo?

R. Depende, si significa estar interesado en tu cultura local, es bueno. Pero si es un arma contra otros, sabemos a dónde puede conducir, lo hemos visto y experimentado.

Realismo capitalista

Búsqueda compulsiva del placer desde un estado depresivo. Una interpasividad agitada en un mundo donde no hay escritura.

Sociedades de control en lugar de sociedades disciplinarias, como anunciaron Foucault y Deleuze. Podríamos volver a Nietzsche cuando ya nos avisó que nos pasaríamos de la voluntad de negación (sociedad represiva) a la negación de la voluntad), es decir del cristianismo al nihilismo.

Es el modo de producción capitalista el que genera la miseria ideológica del nihilismo consumista y tecnológico

Realismo capitalista. ¿ No hay alternativa ? (reseña de Luis Roca)

La trampa de la diversidad. Una crítica del activismo. Daniel Bernabé

(extracto-resumen artículo)

Extraños debates dentro de los movimientos de protesta: activistas feministas teorizando sobre el burka o la prostitución como empoderamiento para la mujer, activistas LGTB defendiendo los vientres de alquiler, activistas animalistas comparando un matadero con los campos de concentración, activistas de lo precario interesándose por la economía colaborativa, activistas culturales reivindicando expresiones de vertedero como populares, activistas de la salud oponiéndose a las vacunas, activistas étnicos tratando la poligamia con respeto o activistas ecologistas capaces de asumir la muerte por desnutrición antes que aceptar avances tecnológicos en los cultivos. Un gigantesco despropósito que es dramático especialmente en un contexto donde la ultraderecha presenta a los ciudadanos un programa centrado en cuestiones inmediatas y tangibles como el empleo, la seguridad o la lucha contra la corrupción.

Existen activistas que dedican gran energía a temas sobre los que su labor tendrá un nulo impacto. Cuando los temas, por contra, resultan cercanos, su especificidad les lleva a perder por completo la visión general del conflicto.

Mientras que el concepto de clase es un intento de buscar algo profundamente transversal que atraviesa nacionalidades, géneros y razas, el movimientismo actual parece empeñado en crear un sistema de análisis donde los individuos son poseedores de privilegios o receptores de opresiones que intercambian al margen de su posición en el sistema productivo.

Si el capitalismo sabe de algo es de apropiaciones, de triturar con su gigantesca maquinaria de sentidos comunes ideas en apariencia radicales para devolverlas envasadas y desactivadas.

Se diría que mientras que nos arrojan por la borda lo hacen siempre muy atentos a nuestras especificidades y creencias, a nuestra excluyente diversidad.

Comentarios al artículo:

  • Incongruencia y falta de miras de la izquierda de hoy a la que le resulta imposible pensar de forma global y que pierde el norte en lo individual.
  • Frase de un libro que he leído recientemente, “Cultura”, de Terry Eagleton: “La sociedad capitalista relega a sectores enteros de su ciudadanía al vertedero, pero muestra una delicadeza exquisita para no ofender sus convicciones”. Así estamos, atrapados en la confusión relativista mientras la puta derecha de toda la vida se pone cuatro colorines y ala, a comerse el mundo.