Schopenhauer. Diálogo de la caverna (rtve)

Schopenhauer en El mundo como representación, aseguraba haber encontrado el misterio último del mundo, la esencia que todo lo envuelve, una extraña e irracional “voluntad de vivir”. (…) 

Desde muy joven cobré consciencia de que un inamovible motor, tan perverso como inconsciente, hacía mella en todo lo existente. La voluntad no es un concepto, es nuestra más sublime intuición, que llegamos a conocer a través de las confesiones de nuestro cuerpo. La voluntad es lo que envuelve el universo, lo que le procura movimiento y lo que, a la vez, hace que todo ser se devore a sí mismo en una perpetua escena teatral. (…)

La más errónea y arraigada creencia del ser humano es pensar que ha nacido para ser feliz. La voluntad nos empuja, en una perpetua lucha, a hacernos cargo de desbordados deseos que nunca encuentran una satisfacción definitiva, y cuando esos deseos parecen haberse apaciguado, llega al paso el terrible aburrimiento, que nos convierte en un ser despreciable que deambula a oscuras en busca de un nuevo deseo que satisfacer. (…) 

Además, no somos libres, téngalo en cuenta. El determinismo más absoluto imprime su sello en todo lo que ve. Sólo una lúcida y permanente negación de esa voluntad, a través del ascetismo más puro, puede lograr acabar con su funesto imperio. (…) la mejor existencia es la que pasa indolora, tranquila y soportablemente.

Arthur Schopenhauer nace en Dánzig, en 1788. Aunque pasó la mayor parte de su vida bajo la sombra de un doloroso anonimato, actualmente es considerado uno de los pensadores con mayor influencia en la filosofía y la literatura de finales del XIX y todo el siglo XX. Artistas, filósofos y literatos como Pío Baroja, Richard Wagner, Cioran, Kandinsky, Tolstoi, Thomas Mann, Beckett, Unamuno, Wittgenstein, Nietzsche, Freud o Borges fueron grandes lectores de Schopenhauer, hoy reconocido como el padre del irracionalismo y del pesimismo moderno. A partir de 1850 cobró gran fama y fue bautizado como “el Buda de Frankfurt”: a él acudían todo tipo de gentes como si de un oráculo se tratara. Sus días terminaron en la ciudad alemana de Frankfurt, en 1860, al amparo de una dulce y postrera fama. 

(Texto de Carlos Javier González Serrano, presidente de la Sociedad de Estudios en Español sobre Schopenhauer).